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  • El despertar de las gárgolas

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    Algunas cosas es mejor dejarlas dormir.

    Acompaña a Tura en su búsqueda de poder y descubre si puede controlar a las gárgolas.
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    No creas todo lo que leas en un libro.

    Acompaña a Clara en la búsqueda de la heredera y descubre la verdadera historia.
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    No te guíes por las apariencias. Todos usamos máscaras.

    Averigua junto a Norah lo que le ocultaron sus tíos y elije de qué lado estás.



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    Un pasado incierto; una familia perdida.

    Desentierra el pasado junto a Lahja y enfréntate a las consecuencias.
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    En un mundo regido por la magia, el equilibrio lo es todo.

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    Los fantasmas que se llevan consigo, los que se encuentran y los que se crean.

    Ellos querían una nueva vida, pero los fantasmas están siempre ahí.
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    Un ambiente lúgubre, un lugar desaparecido, una leyenda perdida.

    La historia es cíclica y atemporal, nadie sale del Castillo.
  • Hojas de cuentos

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    Ella contaba con los dedos de los pies.

    En los cuentos está la variedad, elije el tuyo.

No ficción

Gratis: El despertar de las gárgolas




¿Qué se puede hacer un domingo lluvioso?

¡Pues leer un libro!

Y mejor si es gratis.  


   El despertar de las gárgolas

GRATIS POR TIEMPO LIMITADO

Domingo 10 y Lunes 11 de septiembre 2017
  Disponible solo en Amazon.

 
Tapa_Despertar_gargolas
 Algunas cosas a veces es mejor dejarlas dormir.
  
   Un reino que huye después de perder la última batalla con su eterno enemigo. Despojados de todo, los sobrevivientes llegan a un pueblo abandonado. Allí esperan crear una nueva vida, allí Tura cree que por fin puede cambiar la suya. Después de todo, ¿por qué ser una granjera cuando su amistad con el príncipe Guillen la puede llevar mucho más alto?
   Mientras su pueblo trata de sobrevivir al enemigo que todavía los persigue, Tura encuentra un poder que nadie quiere que tenga. Ella es capaz de despertar a las gárgolas, las que pueden salvar a su reino y elevarla a ella. Siempre quiso poder, pero ¿alguna vez supo si podría manejarlo?
   No se suponía que una granjera pudiera codearse con el príncipe.
   No se suponía que una mujer tuviera acceso a ese tipo de magia.
   Pero las gárgolas están despiertas, y el enemigo sigue allí.
   ¿Podrá Tura manejar el poder que se le ha concedido?  
 
 
 
La novela participa del concurso Amazon Indie 
Nació a partir del cuento «La última gárgola».


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La hermandad permanente



   La hermandad permanente


  Nuevo libro, disponible en Amazon y otras tiendas.

 
Tapa_La_hermandad_permanente
 Una magia antigua, una magia que no cambia.
  
   El alma es eterna.
   La Hermandad también.
   Todo lo que Yoana quería era un cambio, una oportunidad. Criada para ser una más en la Hermandad, nunca se sintió parte de ellos y solo podía pensar en huir de aquella magia que la oprimía.
   Bastó un momento, una decisión, para que ya nada volviera a ser lo mismo.
   Tuvo la fortuna de conocer el amor. Tuvo la desgracia de conocer la verdad.
   ¿Podrá Yoana afrontar el cambio que se avecina?  


 ¿Qué estarías dispuesto a ceder con tal de permanecer?







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Invitados a casa (cuento posterior a Antifaces)


Antifaces_tapa
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Antifaces es una novela de fantasía urbana.

   Norah creía que era una joven común, solo un poco aburrida con su vida. Sin embargo, la llevaba a cabo día tras día, y ponía su mejor cara. Hasta que un día es arrastrada a un mundo mágico y debe elegir un bando en una lucha que todavía no comprende.
   Sin tiempo para pensarlo, descubre sus habilidades y la historia que sus tíos le omitieron sobre sus padres. En una cruenta batalla debe tomar una decisión. Está sola, está desesperada, y no sabe en quién confiar. Aún así, deberá elegir un camino, ¿será el correcto?
Antifaces
  

Invitados a casa (cuento posterior a Antifaces)


   ¿Ya leíste la novela Antifaces? ¿Cómo que no? ¡Ve ya mismo al extracto del primer capítulo!
   ¿Ya lo leíste y quieres saber qué fue de la vida de Norah después de que encontrara un nuevo hogar? Entonces aquí puedes leer un cuento que transcurre un poco después del final de la novela.

  Invitados a casa

   La casa, o mansión como era mejor llamarla, era como un centro comunitario. La gente iba y venía sin ningún orden y nunca sabía con quién iba a encontrarme.
   —¿Norah? —escuché mi nombre a mis espaldas y me volví con tranquilidad.
   Ya me había acostumbrado a la gente, aunque todavía me gustaba pasar tiempo sola. Me encontré con la joven de los dulces, Derina, siempre sonriente.
   —¿Si?
   —Ella quiere verte —se dio la vuelta y comenzó a andar.
   Me apresuré a seguirla. No solían llamarla más que ella, si bien ahora sabía que no era la única que estaba a cargo. Cuando llegamos a su despacho, Derina me dejó y entré por mi cuenta.
  Ella no estaba sola, había un hombre sentado en uno de los sofás frente al escritorio. Parecía mayor, tal vez de la edad de mis tíos. No pude evitar apretar los dientes, no había vuelto a saber de ellos.
   —Ah, Norah, acércate, quiero presentarte a alguien.
   Me acerqué sin dejar de mirar de reojo a aquel hombre que me observaba con una sonrisa. Fruncí el ceño.
   —Perdona —su voz era cálida—, es que eres la viva imagen de tus padres, una mezcla interesante.
   —¿Los conoció?
   —Noah fue el padrino de bodas de tus padres —dijo la líder.
   —Y me temo —agregó él, todavía con una sonrisa— que soy el culpable del nombre que te tocó.
   No supe cómo reaccionar a ello. ¿En serio este hombre era tan cercano a ellos como para que me dieran su nombre?
   —Seguramente tendrás preguntas —dijo Noah y se puso serio.
   —Los dejaré solos —ella se levantó y abandonó la habitación sin hacer ruido.
   Yo seguía de pie.
   —Ven, siéntate —me señaló el otro sofá.
   Por un momento recordé una escena similar hacía solo un par de meses. Sacudí la cabeza y me senté.
   —¿Por qué nunca supe de ti en todos estos años?
   Suspiré, porque ya me imaginaba la respuesta.
   —Fue parte del acuerdo que hicimos con tus tíos —dijo con un deje de tristeza
   —Mis tíos —apreté los dientes y sacudí la cabeza otra vez.
   —No importa ahora —la alegría volvió a él—, ahora que estás con nosotros. ¿Te gustaría conocer la casa en la cual vivían tus padres?
   Me erguí en la silla.
   —¿Tenían una casa? —Miré alrededor. —Creí que ellos…
   —Sí, al principio. Luego se casaron y quisieron un lugar para ellos solos. Allí fue donde naciste.
   Otra vez se me cerró la garganta. Casi por un momento creí que encontraría a mis padres si iba a aquel lugar, pero no, ellos no estaban. Apreté los ojos un momento y luego los abrí y los fijé en el hombre frente a mí.
   —Sí, me encantaría.
   —Bien —se puso de pie ¿por qué no vamos ahora?
   Tardé unos segundos en reaccionar y seguirlo.
   En la puerta me encontré con que no íbamos solos, Brendan vendría con nosotros. Ya casi ni lo veía en los últimos días. Todavía me trataba como si recién me conociera. Si no fuera por Derina, nadie me prestaba mucha atención. Eran amistosos, sí; no obstante, las distancias estaban allí. ¿Acaso era yo la que las ponía? A veces incluso pensaba en Clíona.
   No, no estaba bien pensar en ella.
   —¿Todo listo? —preguntó Noah y el Brendan asintió.
   Los tres no dirigimos a un auto, yo quedé en el asiento trasero. No me importaba, eso me daba tiempo para pensar. ¿Qué me encontraría en la casa de mis padres? ¿Sería posible que hallara algún recuerdo?
   Suspiré.
   —¿Estás bien, Norah? —Noah me miró a través del espejo retrovisor.
   Mis ojos se desviaron hacia Brendan sin poder evitarlo. Noah lo notó.
   —Nos acompaña por las dudas. Tu casa… dejó de ser segura hace un tiempo, aunque ya no creo que vayan mucho por allí.
   —Ellos me dijeron que mi padre...
   —Sí, se infiltró entre ellos, fue por eso que tu casa dejó de ser un lugar de reunión. Pese a que tus padres intentaron apartarla de todo daño, no les fue posible.
   Suspiró.
   No hablamos más hasta que alcanzamos a un barrio de casas bajas.
   —Llegamos —dijo Noah y me hizo una seña con la cabeza.
   Era una casa de dos pisos, estrecha y alta, llena de enredaderas en sus paredes, la mayoría ya resecas.
   Sin embargo, detuvo el auto en la esquina de la cuadra. Tuvimos que retroceder unos pasos.
   Brendan se adelantó. Hizo una seña cuando llegó a la puerta y entramos los tres.
   El lugar parecía una casa fantasma, todavía estaban allí todos los muebles, si bien no había sábanas sobre ellos ni nada que los cubriera. Eso lo hacía peor. Daba la sensación de que allí vivía alguien, era una impresión de ausencia, de vacío. Me abracé a mí misma, todavía junto al umbral.
   —Tómate tu tiempo —me dijo Noah y me tocó el codo con suavidad.
   Él y Brendan fueron hacia el fondo, no sabía a qué.
   Me llevó unos segundos oír el ruido, algo que rascaba contra el vidrio. ¿Ratas? Miré hacia mis pies y di un pequeño salto; el sonido venía de fuera. Me volví hacia la ventana, había una sombra ahí. Eché un rápido vistazo detrás, no estaba ninguno de ellos. Me acerqué a la ventana y me asomé, allí estaba ella, reconocería ese cabello en cualquier lado.
   —Clíona —susurré y, como si me escuchara, ella se dio la vuelta.
   Tenía un aspecto pésimo, el rostro hinchado y desfigurado, manchas secas de sangre en el frente de su ropa. Sus labios se movían: por favor, por favor.
   Volví a echar un vistazo así donde habían ido Noah y Brendan, pero no oía nada.
   No podía dejarla así, al final ella me había ayudado, al final…
   Sin pensarlo más me acerqué a la puerta y la abrí de un tirón. Clancy me sonreía desde el umbral. Intenté volver a cerrar.
   —¡No!
   Sentí que me tiraban hacia atrás y el respaldo de algún sillón o silla se me clavaba en la espalda. Los sonidos eran apagados, como si se sonara todo a una velocidad menor a la normal. Traté de concentrarme en algo, lo que fuera, aunque apenas era capaz de mantenerme en pie. Noté que volvían a tirar de mí, esta vez eran unos dedos que se clavaban en mi piel. Me debatí.
   —¡Basta, Norah! Soy yo.
   Me relajé cuando escuché la voz de Brendan y su fuerza y mi escasa resistencia hicieron que los dos cayéramos al piso, yo encima de él. Los ruidos volvieron a la velocidad normal y los gritos me aturdieron. Noah estaba luchando con Clancy y las gemelas se debatían cerca de la puerta. No alcanzaba a ver qué hacían, así que me acerqué a la vez que entornaba los ojos.
   —¡Vamos! —me dijo él y me hizo levantar de un golpe.
   Alcancé a ver cómo Ciara empujaba a un lado a su hermana y entraba a la casa. Vi el rosto de Clíona por un instante, sus labios, hinchados como estaban, dijeron lo siento. Brendan todavía tiraba de mí y salimos corriendo con Ciara detrás.
   —¡Espera! —dije y traté de parar—. ¡Noah!
   —Él nos alcanzará, no te pares.
   Tiraba de mí con un brazo, bajo el otro llevaba un cofre de mediano tamaño. Salimos por la puerta trasera de la cocina y sentí que me jalaban del pelo.
   —Esta vez no huirás —siseó Ciara.
   Otra vez tiraron de mí y caí al suelo.
   Brendan se interpuso entre nosotras. Mis dedos se enterraron en la tierra y sentí el poder que se me comenzaba a parecer familiar. Sin embargo, había algo más allí, más cercano todavía, algo que resonaba en mi interior como nada que hubiera sentido antes.
   —Madre —murmuré al sumergirme en esa sensación.
   Sentí que la hierba crecía alrededor de mis muñecas y brazos, la tierra se arremolinaba mi alrededor y empujé hacia delante con todas mis fuerzas. Escuché un grito de sorpresa. Y abrí los ojos. Los vidrios de la puerta por la que habíamos salido estaban destrozados. Brendan me miraba con extrañeza.
   Alguien apareció en el umbral.
   —¡Corran! —dijo Noah y nos agarró a ambos.
   Clancy persiguió al auto a pie durante un breve momento, si bien lo dejamos atrás sin problemas. De todas formas, no regresamos a la mansión hasta que dimos tantas vueltas que quedé mareada
   —¿Lo tienes? —preguntó Noah.
   Brendan, sentado al lado de mí, asintió. Me miró de reojo con algo de vacilación, y creo que con una especie de respeto.
   Me sonrojé.
   —No debería haber confiado en ella —murmuré.
   Vi que ellos intercambiaban una mirada. Y miré por lo ventanilla.
   —¿Norah? —era Noah— no te preocupes, nos han engañado a todos alguna vez.
   —Lo siento.
   Sonrió.
   —No te disculpes —inspiró—, tenemos que estar más alertas, eso es todo. Creíamos que no se habían recuperado todavía.
   —¿Qué hay en el cofre?
   —Parte de nuestro legado, del tuyo Norah —guiñó el ojo.
   Observé el cofre que estaba sobre el regazo de Brendan, me parecía similar.
   —Sé que no pudimos estar mucho tiempo allí —continuó Noah—, pero ¿sentiste algo diferente?
   Levanté la mirada con tanta rapidez que me sonó el cuello. Él me sonrió a través del espejo retrovisor.
   —Sí, es la conexión con tu familia, su magia todavía sigue allí. Eso es lo que hay en el cofre.
   Estiré el brazo hacia él, pero no llegué a tocar la tapa.
   —¿Cómo…?
   —Ya lo verás —dijo Noah a la vez que frenaba el auto frente a la mansión—, con ellos podremos romper tu vínculo con los otros y por fin formarás parte de nuestra familia por completo.
   —Por completo —murmuré a la vez que salía del auto.
   Noah me rodeó los hombros con el brazo mientras caminábamos hacia la puerta.
   —Bienvenida a tu verdadera familia.     

No te guíes por las apariencias. Todos usamos máscaras. Twittea


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